Desde hace algunos años este joven zapatero, Julio César González, se dedica a la reparación del calzado en la colonia Carolina, del municipio de Cuernavaca, y en varias ocasiones muestra su solidaridad con los que menos tienen, reparando a un menor costo sus zapatos.
“Normalmente en las reparadoras de calzado se les pide un 50 por ciento de adelanto, pero yo siempre veo la necesidad de cada persona y no les pido nada o les cobro muy barato, el chiste también es poder ayudar y que sigan caminando”, comentó González.
Sin embargo, también le ha tocado que la gente se aproveche de la situación y ya nunca más regrese por el par de zapatos que llevó a reparar, “lo que pasa es que a veces vienen a dejarlos, pero ya no regresan por ellos, o sea, se olvidan y ya no los veo más, hasta 200 pares me han dejado”.
Él aprendió este oficio sólo poniendo atención y mirando al maestro zapatero, ya que es algo que le llama la atención y considera que este trabajo es una alternativa a seguir “consumiendo desmodera-damente” calzado y ya no repararlos.
“Mi oficio es bonito porque vas sacando tu creatividad, vas renovándote, vas viendo cómo van cambiando los zapatos, por ejemplo, antes eran de cuero o con tacones y cocidos, ahora ya no, sólo es la suela de plástico y ya ni se ve tanta labor para hacerlos” explicó.
Hasta la fecha, este zapatero considera que “cualquier oficio que se trate de reparar es un trabajo muy bonito, porque le das una segunda oportunidad a las cosas”.
