Antes de conquistar los escenarios con su poderosa voz, el cantante Alejandro Fernández tenía otro camino en mente: la arquitectura. El “Potrillo” compartió recientemente que durante su juventud inició la carrera de Arquitectura en la Universidad del Valle de Atemajac (UNIVA), en Guadalajara, pero su pasión por la música fue más fuerte y decidió cambiar de rumbo para seguir la tradición familiar.
Hijo del legendario Vicente Fernández, Alejandro creció rodeado de guitarras, mariachi y presentaciones, pero aún así, intentó llevar una vida más convencional cursando una carrera universitaria. Sin embargo, su amor por la música fue inevitable. En una entrevista recordó que siempre se sintió más identificado con el arte y los escenarios que con los planos y las matemáticas.
Fue su padre quien lo impulsó a dar sus primeros pasos formales en la industria musical, invitándolo a cantar a su lado en conciertos cuando era aún adolescente. Aquellas primeras experiencias fueron decisivas para que Alejandro abandonara la universidad y se entregara por completo a la música ranchera y pop, géneros que hoy domina con gran éxito.
Actualmente, Alejandro Fernández es una de las figuras más influyentes del regional mexicano y ha sido reconocido con múltiples premios nacionales e internacionales. Pese a no haber terminado su carrera de arquitectura, ha mencionado que esta formación académica le ayudó a desarrollar disciplina y visión a largo plazo, cualidades que hoy aplica en sus giras y proyectos.
Su historia inspira a miles de jóvenes que se encuentran en la encrucijada entre seguir un camino tradicional o apostar por su vocación artística. Alejandro lo hizo, y el tiempo confirmó que fue una decisión acertada.
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