El intérprete de música regional mexicana Lupillo Rivera recordó una etapa de su vida que mezcla admiración y tensión al narrar cómo era su trato con el icónico Chalino Sánchez, considerado el “Rey del corrido”.
Durante una charla en la que promocionaba su libro autobiográfico Tragos Amargos, Lupillo compartió que tuvo varias negociaciones con Chalino, pero que muchas veces las cosas no salían como esperaba debido al carácter del sinaloense. “Era muy broncudo”, dijo Rivera, evocando su personalidad fuerte y la intimidante presencia que acompañaba sus negocios.
Entre las anécdotas que Lupillo recordó con mezcla de risa y respeto, destacó que una de las razones por las que tenían “mala salida” era que Chalino “contaba las cajas mal y después me quería cobrar de más”.
Incluso señaló que cuando él —siendo más joven— intentaba corregirlo, el artista respondía con un “¿Cómo vas a decir que estoy mal?” mientras portaba una pistola.
Pese a las tensiones, Lupillo aclaró que su relación no fue de amistad cercana, pero sí existió un vínculo profesional que marcó su trayectoria: “Lo recuerdo con aprecio y diversión”, dijo, aun cuando el camino no fue fácil.
Este testimonio ofrece una mirada íntima al mundo del corrido y la música norteña en sus días más crudos, donde no solo se medía el talento sino también la fuerza de carácter y la presencia en cada trato. Para muchos en la “bandita” del regional mexicano, este tipo de revelaciones sirven como recordatorio de que detrás de los éxitos hay historias de lucha, respeto y también conflictos.
La mención de este episodio en medios no es casual: refuerza el legado de Chalino Sánchez como figura legendaria y al mismo tiempo revela cómo figuras modernas —como Lupillo Rivera— se han forjado entre referentes duros, reales, que marcaron la ruta del género.
