Si el acto de comer fuera solamente una función necesaria para vivir, como el hecho de respirar o ir al baño, no habría problemas derivados de una mala alimentación. Sin embargo, existen muchas otras variables que regulan la ingesta de alimentos y la vuelven un proceso demasiado complejo, tanto, que hasta la fecha se sigue estudiando.
La decisión de comer se ve influenciada por la palatabilidad de los alimentos, señales ambientales e influencias socioculturales. El placer subjetivo que sentimos al ingerir un alimento, la presentación de los platillos, los aromas, las texturas, e incluso los sonidos provenientes de la masticación influyen en nuestras conductas alimentarias. Las diferencias entre hambre, apetito y saciedad establecen un panorama más claro de todos los aspectos que rigen la conducta alimentaria, ya que esta va mucho más allá de las necesidades del cuerpo.
El hambre se define como la sensación fisiológica que surge en respuesta a una necesidad biológica de nutrientes energéticos. Se manifiesta a través de sensación de vacío en el estómago, contracciones gástricas, ruidos intestinales, dolor de cabeza, entre otros síntomas.
Es mediada por un complejo mecanismo en el que participa el hipotálamo, que se encarga de regular las señales de hambre y saciedad. Por otra parte, la saciedad conlleva la inhibición de la sensación de hambre y es la que determina el tiempo entre una comida y otra.
Una vez empezar a comer irá apareciendo la sensación de saciedad gracias a otras sustancias como la colecistocinina o el péptido YY, que se liberan en nuestro intestino como respuesta al contacto con alimentos y nos inducirán a detener la ingesta.
Con el apetito pasa que…
Es el antojo de comer un determinado alimento, o en general, las ganas de comer. Aquí influyen los hábitos, las modas, las vivencias, los prejuicios, las emociones y, en general, los factores hedonistas o de placer. Cuando consumimos algún alimento que nos gusta se activa en nuestro cerebro el sistema de recompensa, liberando dopamina y generando, a su vez, satisfacción y deseo de consumir más de este. Las características organolépticas de los alimentos (su sabor, olor, color, textura y sonido emitido), englobados en el término “palatabilidad”, condicionan de manera relevante nuestro apetito.
