Aunque fue vasta en la construcción de edificios y utensilios para nutrir su cultura, la civilización de Teotihuacan no elaboró todas las herramientas que utilizó, recurrió a materiales y objetos construidos en otros grupos mesoamericanos.
Ese fue el caso de la “cerámica granular”, componente de uso generalizado entre clases pudientes y populares que se empleó para producir vasijas, cántaros y ánforas en las que se transportaban alimentos y agua; el elemento provenía de los Valles de Morelos, explicó el arqueólogo Eliseo Francisco Padilla Gutiérrez, egresado del Instituto de Investigaciones Antropológicas.
Por su detallado estudio, Padilla Gutiérrez recibió en diciembre pasado Mención Honorífica a la Mejor Tesis de Doctorado, en el Premio Alfonso Caso en Arqueología, que otorga el INAH.
Padilla Gutiérrez estudia la “cerámica granular” desde hace 20 años, y dedicó su maestría a indagar si provenía de Guerrero y el doctorado a comprobar que es originaria de los Valles de Morelos.
