En una noche donde la devoción y el sentimiento a flor de piel se apoderaron del Tepeyac, Maribel Guardia protagonizó el momento más desgarrador y sublime de las tradicionales Mañanitas
En una noche donde la devoción y el sentimiento a flor de piel se apoderaron del Tepeyac, Maribel Guardia protagonizó el momento más desgarrador y sublime de las tradicionales Mañanitas