Marca Comadre

Reflexión de abogado


Tengo presente en los años 1971, 1972 y 1973 en que fui designado por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos a recibir el Diploma de Reconocimiento por parte del Comité Permanente de la institución Los Mejores Estudiantes de México, que auspiciaba y presidía el Diario de México en la persona de Don Federico Bracamontes, el Instituto Mexicano de Cultura que presidía el Licenciado Miguel Alemán y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología que dirigía el Licenciado Gerardo M. Bueno Zirión y todos con el apoyo y seguimiento a los condecorados por la Dirección General de Profesiones que en esa época presidía el Licenciado Felipe Suárez Aguirre.

De todos ellos sobresalía un hombre irrepetible, el Licenciado Federico Bracamontes, que siempre impulsó el desarrollo de los jóvenes profesionales sin condiciones, siempre pensando en el bien de la patria nos repetía que al aceptar el Diploma del Comité Permanente que presidía asumíamos el compromiso de nuestra profesión universitaria con absoluta aplicación de valores deontológicos, como si de un ministerio se tratara, en donde la transparencia de la actuación debe de ser el elemento de identidad, que el culto a la verdad sea una bandera a enarbolar, que obráramos con prudencia, que siguiéramos estudiando con pasión, que atesoráramos con lealtad y que la probidad y la equidad nos mantendría en la dignidad.

Recuerdo muy bien los consejos que nos daba Don Federico Bracamontes, y en torno al Día del Abogado recuerdo que nos informó que a iniciativa del Diario de México y a la aceptación del entonces Presidente Adolfo López Mateos, a partir del 12 de julio de 1960 quedaba marcada esa fecha como un suceso especial en todo el país.

Se eligió el 12 de julio, ya que en esa misma fecha, sólo que en 1533, se estableció en la Nueva España, hoy nuestro querido México, la primera cátedra para la enseñanza de la Jurisprudencia, del Derecho, que motivaron que se emitieran en nuestro territorio las primeras Ordenanzas de Buen Gobierno.

Don Federico siempre fue un hombre culto y mostró ello en su quehacer y en sus mensajes; escucharlo era una exquisitez.

Recuerdo que nos decía que relacionado con el Día del Abogado y la enseñanza del Derecho como cátedra, venía a su memoria la lectura que hizo Bartolomé de Frías y Albornoz ante diversos testigos de calidad la Prima de Leyes, sin duda una de las cátedras más sobresalientes con la que se enseñaba el Digesto, que muestra la codificación de la legislación civil de la época, basada en los principios del Derecho Romano. Entonces se les denominaba “corpus juris civile e instituta”.

Siempre celebró con especial entusiasmo Don Federico Bracamontes el Día del Abogado, y recuerdo que mientras tuve la enorme oportunidad de estar cerca de él, en la ceremonia correspondiente siempre fue acompañado del Presidente de la República en turno.

La hizo ser y es una gran festividad que a todos los humanistas y profesionales del Derecho nos llena de especial alegría y satisfacción, porque nos obliga a recordar la noble función que el abogado tiene de estudiar y mantenerse al día, ya que el Derecho se transforma constantemente y éste solo se aprende pensando y estudiando.

Que el trabajo no es para la fatiga, sino el conocimiento de las leyes está para el servicio de la justicia. Que la deontología del abogado le obliga a ser leal con su cliente, a quien no puede abandonar; por el contrario, debe de ser tolerante aún frente a la verdad ajena; ser paciente, ya que su cliente siempre espera de su abogado la total colaboración, ya que en él ha depositado totalmente la fe como el mejor instrumento para la convivencia humana, las leyes que les cita son su soporte y fundamento para encontrar su verdad y la justicia.

Y aun cuando la abogacía está en medio de la lucha de pasiones, no debe de olvidar el abogado que su alma no se debe de llenar de rencor, está en medio de las partes y es puente de comunicación entre éstas, ya que sería imposible la convivencia entre las personas sin la intermediación del abogado.

Siempre nos invitó a amar nuestra profesión, ya que en la noble y buena aplicación de la Ciencia del Derecho se busca la paz y se encuentra la justicia.

Ya decía Ulpiano en su época: “… estos son los mandamientos de Derecho: vivir honestamente, no ofender a los demás, dar a cada uno lo suyo…”.

Estos principios eran parte de la filosofía siempre expresada por el Licenciado Federico Bracamontes en los mensajes que nos daba en el Comité Permanente de la institución de Los Mejores Estudiantes de México, organismo con el que nos abrió las puertas a muchos jóvenes de los setentas, ochentas y noventas, compartiéndonos espacios imposibles de acceder sin su apadrinamiento, como era convivir en almuerzos con el señor Presidente de la República en turno y su gabinete.

En especial yo agradezco la oportunidad que me dio de compartir tres almuerzos con el presidente Luis Echeverría Álvarez, que es el gran parteaguas de mi vida profesional y familiar, y por ello le tengo que dar las gracias infinitas en mi nombre, en el de mi familia y en nombre de las generaciones que apadrinó.

Feliz Día del Abogado.

Gracias, Don Federico Bracamontes, por formar parte de la vida de muchos profesionistas que hoy ejercemos responsabilidades con base en los valores cívicos que usted nos confirió.

Por Hugo Salgado Castañeda
En memoria y reconocimiento a Don Federico Bracamontes.

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