En 1897, un dentista americano de 37 años llamado William Morrison tomó la determinación de conseguir que el algodón de azúcar pudiera ser disfrutado por todo el mundo. El algodón de azúcar durante 300 años fue un producto muy de moda consumido entre las personas más pudientes.
Su mayor logro de Morrison llegó en 1897, cuando se asoció con John C.Wharton, un antiguo compañero y confitero. Juntos, diseñaron y patentaron la máquina de algodón de azúcar eléctrica.
Utilizando la energía centrífuga, la máquina conseguía girar rápidamente y derretir el azúcar, que salía en forma de finas hebras a través de unos pequeños agujeros hasta que su consistencia era esponjosa y suave, con cerca de un 70 % de aire.
Estuvieron varios años perfeccionado el proceso hasta que lo exhibieron públicamente el la feria mundial de 1904, celebrada en San Luis, Misuri, EEUU. En ese entonces era vendido por 25 centavos, casi la mitad del precio de la feria, a pesar de su elevado precio, fue todo un éxito.
La máquina eléctrica de algodón de azúcar prosperó, pero en 1921, otro dentista, Josef Lascaux, reinventó otra máquina que no llegó a patentar de manera oficial, pero sí que acuñó el término “Algodón de azúcar” o “Cotton candy”. Gold Metal Products, construye y vende casi todas las máquinas que se producen actualmente.

