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“La vida no se acaba”: María cumple 34 años viviendo con VIH


A sus 53 años, María “N” ha vivido más de tres déca­das con VIH. Reci­bió su diag­nós­tico en 1995, aun­que con­si­dera que su his­to­ria comenzó en 1991, cuando se casó con una per­sona sero­po­si­tiva que nunca le com­par­tió su con­di­ción.

Su esposo enfermó gra­ve­mente y falle­ció en 1995; fue enton­ces cuando ella supo que tam­bién vivía con el virus.

“Todo fue miedo, pen­saba en que pronto me iba a ir y tenía un hijo, eso era lo que más me dolía”, recuerda.

Enfren­tar el diag­nós­tico no fue sen­ci­llo, sobre todo en una época mar­cada por tabúes, dis­cri­mi­na­ción y desin­for­ma­ción. Sin embargo, ase­gura que la fe, el apoyo fami­liar y la infor­ma­ción correcta fue­ron deter­mi­nan­tes para seguir ade­lante.

“Dios ha sido mi motor y mi guía. Empecé a estu­diar, a infor­marme, a no que­darme con los bra­zos cru­za­dos”, cuenta.

Hoy, des­pués de 34 años con­vi­viendo con el VIH, María dice lle­var una vida prác­ti­ca­mente nor­mal. Man­tiene hábi­tos salu­da­bles, cuida su salud emo­cio­nal y espi­ri­tual, y encuen­tra en el tra­bajo y la acti­vi­dad cons­tante una forma de seguir ade­lante.

“A veces se me olvida que tengo el diag­nós­tico; me acuerdo cuando vengo a mis con­sul­tas”, dice entre risas.

Reco­noce que aún existe dis­cri­mi­na­ción, pero insiste en que nadie conoce el tras­fondo de cada his­to­ria.

“Soy una mujer como cual­quier otra. Nunca te ima­gi­nas que te va a pasar”, afirma.

Con el tra­ta­miento ade­cuado, des­taca, es posi­ble vivir ple­na­mente. Se vol­vió a casar seis años des­pués de enviu­dar y actual­mente tiene una vida fami­liar esta­ble.

“Vivo mi vida casi al 90 por ciento nor­mal”.

Uno de los momen­tos más difí­ci­les fue con­tarle a su hijo, quien vive con pará­li­sis cere­bral. Tenía 10 años cuando ella deci­dió com­par­tirle la ver­dad con apoyo psi­co­ló­gico. Con el tiempo, la noti­cia se trans­formó en for­ta­leza.

“A veces hace­mos hasta relajo, él con dis­ca­pa­ci­dad y yo con un diag­nós­tico así, deci­mos: ‘Somos vul­ne­ra­bles, pero fuer­tes’”.

Siem­pre hay espe­ranza. No se acaba el mundo. Hay que cam­biar el estilo de vida, pero se puede. La vida es her­mosa. Bus­que­mos a Dios, que es quien nos man­tiene de pie.” María, paciente con VIH

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