En Morelos, una de cada 100 personas que acude a pedir ayuda a la iglesia católica es exorcizada, señaló el presbítero Felipe de Jesús Gutiérrez Reza, párroco de El Divino Salvador en Ocotepec, uno de los dos sacerdotes exorcistas que hay en la entidad.
Designado por el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, compartió a Diario de Morelos en qué es el exorcismo y cómo se atiende, cómo se distingue de un trastorno de salud mental y cuál es el protocolo que sigue la Iglesia católica.
En Cuernavaca existe una comunidad de monjes benedictinos, dedicados a la oración y alabanza divina, en donde hay un sacerdote que practica exorcismos, ahí, se estima que en los últimos tres años han realizado alrededor de 50 exorcismos. Además, de los dos sacerdotes designados por el obispo, en total hay tres personas que realizan exorcismos en el estado de Morelos.
El presbítero Gutiérrez Reza fue ordenado sacerdote en 2014, pero ejerce este ministerio desde 2019. Desde hace siete meses fue asignado a la parroquia de El Divino Salvador, anteriormente estuvo en la parroquia San Francisco de Asís, en Tetecala.
“El exorcismo es un rito para expulsar a un espíritu maligno. Jesús lo realizó y la Iglesia, por mandato de los obispos, lo continúa”, señaló. Antes de todo, dijo, hay discernimiento porque “no toda persona que sufre es un poseido. Primero pedimos atención médica y psicológica; hay cuadros, como la esquizofrenia, que se parecen”. Añadió que sólo cuando los síntomas persisten sin explicación clínica y se identifican “puertas abiertas” —prácticas de ocultismo, espiritismo o brujería— se valora para proceder con el rito mayor.
Gutiérrez Reza detalló cuatro signos clásicos que orientan el diagnóstico: hablar lenguas desconocidas, fuerza desproporcionada, revelación de datos ocultos y aversión a lo sagrado. “
No siempre aparecen todos, pero si durante la oración el sujeto entra en trance, insulta, se agita ante la cruz o el nombre de Jesús y María, y hay elementos previos, procedemos”, explicó.
El rito, que es un sacramental, dura entre 45 minutos y una hora y puede repetirse por semanas, incluso, años.
“La liberación no depende sólo de la oración del sacerdote; exige fe, vida sacramental y oración de la familia.”
Sobre la frecuencia, sostuvo que la posesión “es rara” frente a otras acciones ordinarias del mal —obsesiones, vejaciones—.
“En mis primeros años, de cien atenciones quizá una resultaba posesión. Hoy he acompañado alrededor de 15 casos de posesión; algunos se liberan en un solo exorcismo, otros tardan meses”. Aclaró que el alma no queda poseída, “la opresión es sobre el cuerpo; la persona puede estar en gracia”.
El presbítero Gutiérrez advirtió del sincretismo y las supersticiones que “abren ventanas” al daño espiritual. “No hay que tener miedo, pero tampoco jugar con lo oculto. Encender una vela a la muerte, hacer amarres o consultar brujos no es inocuo.
” Por ello, pidió a los feligreses no abrir ninguna puerta.
Subrayó que el ministerio de exorcista no se busca, “es un llamado; el obispo pide que el elegido sea prudente, formado y con vida espiritual”.
Finalmente, pidió serenidad y evitar el sensacionalismo:
“Si alguien sufre, que acuda primero al médico y, si no hay respuesta, a su parroquia. El mal existe, pero también la gracia. Nuestro trabajo es acompañar, discernir y, cuando es necesario, luchar por la liberación con la fuerza de Cristo”.
