Este 27 de junio está dedicado a las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, comúnmente identificadas como “mipymes”, y en Morelos se estima que más del 99% de las unidades económicas pertenecen a esta categoría, lo que equivale a señalar que la economía de la entidad recae en su operación.
De acuerdo con el resultado que tuvieron los Censos Económicos de 2019, actualizados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en ese momento, de los 121 mil 094 establecimientos registrados, formales e informales, el 96.6% eran micro (de 0 a 10 personas ocupadas), o sea, la mayoría.
Mientras que apenas el 3.3% eran pequeños y medianos (pymes) (de entre 11 y 250 trabajadores), y sólo el 0.1%, eran grandes empresas, es decir, las que emplean a más de 250 personas.
El número de micro empresas, principalmente, disminuyó durante los años de la emergencia sanitaria por el COVID-19, 2020 y 2021, pero, según los últimos reportes de las autoridades en economía y de las cámaras empresariales, sobre todo de las que aglutinan al comercio, a partir de 2022, la actividad se recuperó y las micro empresas volvieron a florecer, para, en conjunto con el total de unidades económicas, emplear a más de 500 mil morelenses.
De manera desglosada, el reporte de los Censos Económicos para Morelos refirió que, del total de unidades económicas en la entidad, el 48.4% se ubicaban en el sector comercio, y el 39.8% en los servicios.
Es decir, que la economía de la entidad, y por ende su principal perfil, está en las operaciones comerciales y en la prestación de bienes y servicios, con miles de negocios, sobre todo familiares, en sus principales centros urbanos, y sus destinos turísticos.
En contraste, la actividad industrial y manufacturera agrupa sólo al 10.3% de las empresas y el resto de las actividades económicas representan únicamente el 1.4%.
Desventajas
Las micro empresas garantizan un ingreso para miles de personas, pero no siempre les ofrecen condiciones de desarrollo, para empezar, la mayoría se ubican dentro de la informalidad (67.2%) y esto significa la ausencia de seguridad social para los trabajadores, como punto de partida, señala el estudio.
También destaca que del total de micro empresas, sólo 14.5% tienen acceso a crédito o financiamiento, porque les es difícil el cumplimiento de requisitos.
‘Cuerna tiene un consumidor caprichoso’
Jacqueline Ayala Ortiz ha superado con su restaurante la crisis de los dos años de sobrevivencia de los negocios; ya llegó a los seis y señaló que uno de los principales retos en este giro es el de complacer al cliente.
Considera que Cuernavaca tiene un consumidor “caprichoso”, que se cansa muy rápido de los lugares que frecuenta, o que, incluso, puede descartar un sitio, sólo por lo que escuchó comentar a alguien más.
En ese sentido, agregó que su pequeña empresa siempre tiene que reinventarse para mantener a su clientela cautiva.
En los últimos años, el peor momento, igual, fue el de la emergencia sanitaria por el COVID19, pero no le ha tocado lidiar con la burocracia.
Dijo que uno de los retos de su negocio ha sido conseguir colaboradores responsables, leales y honestos y, en los últimos años la inseguridad la ha puesto al límite, al grado de tener la intención de bajar la cortina por el temor.
Como mujer al frente de un negocio, descartó haber sufrido discriminación y más bien, lamentó la falta de solidaridad y sororidad de otras mujeres. “El mayor reto de ser empresaria es que a veces entre las mismas mujeres no se encuentra el apoyo”, señaló.
‘Crear mi empresa ha sido difícil’
“Siempre me dijeron que creara mi propia empresa para ser mi propio jefe y disponer de mi propio tiempo, pero la verdad es que ha sido un proceso difícil, y la responsabilidad siempre me obliga a irme a la cama todos los días pensando cómo resolver esto o aquello”.
Así resumió José Manuel Porras su experiencia como empresario; una actividad que inició con sólo 18 años. Actualmente tiene 28 años y gracias a la experiencia adquirida, considera que hoy enfrenta las cosas de diferente manera.
Consideró que su principal reto como empresario ha sido enfrentarse a la burocracia, al señalar que las instituciones “no la ponen fácil” para los emprendedores y, a pesar de los esfuerzos, señaló que faltan muchos programas de apoyo institucional.
Agregó que la pandemia del COVID-19, como a muchos otros, lo puso a prueba y, junto con la inseguridad, han sido los dos momentos más difíciles para mantener a flote su negocio de producción de aguacate y hortalizas en la región de los Altos de Morelos.
Nunca ha pasado por su mente “tirar la toalla”, pero si ha tenido momentos en los que para él, ha sido mejor poner una pausa, para después seguir adelante con paciencia.
