La controversia que rodea a los narcocorridos, un subgénero de la música regional mexicana que narra historias ligadas al narcotráfico, ha escalado a un nuevo nivel, impactando directamente la movilidad internacional de sus intérpretes. El reciente testimonio del músico Diego Herrera ha encendido las alarmas en la industria, al revelar que durante su trámite para obtener la visa estadounidense, las autoridades migratorias lo interrogaron específicamente sobre si interpretaba este tipo de canciones.
“Yo no canto ese tipo de corridos, sí me preguntaron, fui hace poquito a la cita de la visa y me preguntaron si cantaba narcocorridos y les dije que no, ya no hubo ningún problema”, confesó Herrera en un encuentro con los medios. La sorpresa del cantante ante esta inusual pregunta es palpable, ya que nunca antes se había enfrentado a un cuestionamiento sobre el contenido de su repertorio musical en este tipo de procesos.
“A mí nunca me habían preguntado eso y en la cita de la visa sí me preguntaron, pero como que tienen ahí puesta la mira”, añadió Herrera, sugiriendo una vigilancia particular sobre los músicos de este género. El cantante también ofreció una reflexión sobre la tradición del corrido: “Además, los corridos siempre han existido, de todo tipo, el tema es que hay reglas, están poniendo esas reglas y hay que respetarlas”.
La situación se torna aún más compleja al considerar el reciente altercado en un concierto de Luis R. Conriquez en Texcoco, donde el público reaccionó violentamente ante la negativa del artista a interpretar narcocorridos. Diego Herrera expresó su solidaridad con su colega, reconociendo la difícil encrucijada en la que se encuentran los músicos. “Está complicado ¿verdad? Pues es que hay reglas, hay que seguir las reglas, desgraciadamente hay gente que no le parece bien, hay gente que lo acepta, pero lo que sí todos estamos de acuerdo es que estuvo bien gacho, lamentamos lo que pasó en el Palenque de Texcoco”, comentó.
Herrera enfatizó su respeto por la decisión de Conriquez de acatar las normativas, a pesar de las repercusiones negativas. “Llegan y andan entequilados y todo, algo que no les parece, hay demasiada gente y tienes al artista ahí, me imagino pobre Luis… mis respetos para él, siguió las reglas y pues así es esto, nadie está exento”, manifestó, evidenciando la vulnerabilidad de los artistas ante las expectativas del público y las regulaciones existentes.
La revelación de Diego Herrera pone de manifiesto un nuevo desafío para los músicos del regional mexicano: la potencial interferencia en sus trámites migratorios basada en el contenido de su música. Esta situación obliga a los artistas a navegar un terreno cada vez más delicado, donde deben equilibrar las demandas de su audiencia, las restricciones legales y ahora, aparentemente, un escrutinio adicional para mantener su capacidad de trabajar a nivel internacional..
