El ojo humano, por más que lo intente, no puede observar el preciso momento en el que un colibrí se alimenta. Los colibríes son voladores increíbles para hacer eso, tienen alas formadas para el objetivo y músculos realmente fuertes aletean muy rápido, más rápido que cualquier otro pájaro, con hasta 70 aleteos por segundo. Eso suma más de 4.000 aleteos por minuto.
Son aves de tamaño pequeño, entre ellas se encuentra el ave más pequeña del mundo, el colibrí zunzuncito (Mellisuga helenae), del tamaño de 5,5 centímetros de pico a cola. También existe el colibrí gigante (Patagona gigas), que mide 25 centímetros.
El rasgo más característico de los colibríes es su forma de volar. Un colibrí promedio puede mover las alas hasta 53 veces por segundo. La velocidad más rápida registrada fue de 80 batidas por segundo en el colibrí amatista (Calliphlox amethystina) y, la más lenta, la del colibrí gigante (Patagona gigas), sólo unas 10 a 15 veces por segundo.
Estas diminutas aves necesitan aletear tan rápido para conseguir mantenerse inmóviles en el aire mientras toman el néctar de las flores. Esta es una ventaja que los vuelve invisibles ante los depredadores.
Para mantener la velocidad de las alas, el corazón de un colibrí también debe latir muy rápido, en torno a los 1.260 latidos por minuto, aunque esta velocidad puede descender hasta los 50 latidos por minuto durante la hibernación.

